lunes, octubre 23, 2017

Rorschach

El primer antifísico fue aquel que, haciendo un improbable contraste material del universo, resolvió Bayesianamente la teselación del vacío.

Desencontró esto tras la negación y el olvido de lo visible: El velo es el sustento del Cosmos.

martes, febrero 07, 2017

Un toque de sacrificio

La furia ocupando el púlpito. Los puños por lo alto hilvanando una nube invisible mientras el Padre Joaquín lazaba los bajos deseos de sus feligreses en espera de que eclosionara alguna mansedumbre inmadura. Avezado, rascaba el hilo invisible de la posible consecuencia más que masajear el nervio de la culpa que trae ataviado tantas horas de confesionario. Con prisa contaba a los atónitos feligreses que seguían sus manos drosofílicas como siguiendo la solución a un laberinto sutil e invisible, esa caterva de aturdidos que alegremente aceptarán primero a la dádiva de generoso diezmo y luego, póstuma una invitación corta,  exclusiva  y discreta del Padre al plan que, nunca sabrían, los consumiría en múltiples horas miserables, quizá por tiempo indeterminado.

La septena arribó días más tarde al punto acordado. Cada uno con un objeto y múltiples dudas, todas reducidas a débiles anécdotas por la intervención siempre oportuna del Padre Joaquín que qué-bonito-te-dice-las-cosas-como-si-supiera-lo-que-sientes-pero-llega-a-un-lugar-distinto-que-uno-verdadedios los citó habiéndolos presentado pecados por delante y nombres de pila sin decoraciones ni apellidos, que también anónima es la obra del señor. El Padre Joaquín, fuera de sotanas y encubierto de civil procedió a darles largas instrucciones sobre el uso de los objetos: blandir, apaelar, lanzar, golpear, correr, robar, capturar fueron algunos de los verbos que más sorpresa arrojaban sobre la misión sagrada de estos elegidos, cuyas lacónicas y dubitativas miradas fueron rápidamente apacigadas por un vitriólico discurso del Padre que los instigaba a acabar con un próximo enemigo. Ninguno claudicó, por el contrario, se colocaron y ajustaron firmes los objetos al cuerpo, a veces cubriendo el pecho entero, a veces únicamente la cabeza, pero más incomprensible parafernalia era aquella abultada extensión de los puños. La preocupación escaló cuando el Padre les advirtió que sólo a uno a la vez se le permitiría utilizar el grueso palo como recurso para corresponder a las hostilidades.

Llegamos a una especie de coliseo, donde caprichosos pasillos de arena formaban una figura de balanza invertida con plataformas en cada vértice acusando un complejo rito, posiblemente pagano y lejano al credo de los gladiadores del Padre Joaquín. No hacían cuadrar todavía el sospechosamente circular altar de tierra al centro del coliseo cuando detrás del pequeño páramo se asomó un grupo equinumérico de hombres, enfundados en aparatos similares a los que ellos portaban. El escarceo y la confusión de las miradas hizo evidente que tenían infundidas las mismas intenciones nada halagüeñas. Uno de ellos, cenizo y acusando canas se acercó al altar, donde el Padre Joaquín acudió e intercambiaron amenazas inaudibles. Hecho el contrato y aproximándose el momento de finiquitar este culto, el Padre los acomodó en una figura casi pentagrámica donde quedase una persona en cada una de las plataformas y uno, seguramente el primero del sacrificio en la cumbre del altar de tierra. Un hombre del bando opuesto, formido y con un casco con claras muestras de múltiples batallas tomó el palo prohibido y se acercó a la plataforma más excéntrica, donde también se había colocado el Padre Joaquín, ahora colocado con armadura de pecho se puso en cuclillas, seguramente para ser el primer cordero de sacrificio y dar la muestra, se colocó una rejilla ceremonial en la cara y una extensión de puño. El hombre con el palo lo alzó amenazante por encima de la cabeza del Padre Joaquín, observando absorto al enemigo sobre el altar. Aquí empezaba el apocalipsis, el Padre Joaquín soltó un largo alarido:


¡Play ball!

sábado, marzo 12, 2016

A barrage of speeches

I resfused to write. That is, until now. Ther used to be a time when I read my writing and smiled, sometimes for its candor, other times, its clarity, most, for their relatedness.

But I am in one of those proverbial "loss for words". A rut, yes, me, a communicator. Some how you manage to place another voice, a trained  voice in automatic which performs an average discourse without resorting to the acutal thought-mesh bubbling below. It is a pity that this echo can be sustained for so long that people, bosses and even family won´t notice it insofar a "mood swing". A reason is this: I respect words, I respect the reader and its choice, above all else, I respect trascendence.

That is what I´ve been missing for almost a year and a half: trascendence. I used to think that anything that I write/read/watch/troll/discuss would become useless and obsolete as soon as it is finished. Everything has felt useless, distant and absurd. i think I´ve been peering into the abyss of depression, not even comitting to that.

This is not a rant, or even a worthy justification of my absence. Bear with me at least with my paradoxes, and maybe you´ll find some solace by likeness. Eand even that I cannot promise to fulfill.

were you expecting a reason to write today? Here, i just made up one: Words are the last stop before absolute detachment.

lunes, octubre 19, 2015

Lunes

La idea que más violencia ha generado en la historia de la humanidad no es el Deísmo ni la religión. Los actos más reprobables del humano han surgido del derecho y el abuso a la propiedad (property or entitlement). Este derecho a la propiedad no es sino un aval social para que un individuo disponga de absoluto ejercicio de su voluntad sobre un algo sin que exista intervención ni represalia de sus pares. Esta es, por supuesto, una versión perversa y maniquea de la libertad: control absoluto sobre algo. Cualquier acción sobre lo que se posee bajo este contrato genera en el poseedor un fuerte estímulo de gozo por refuerzo porque la tríada decisión, sumisión y ejecución giran alrededor de la voluntad y la cosmovisión del dueño, propagándose a los ejecutantes. Sobre todo si éste posee voluntad, cuando otra voluntad se doblega a la del poseedor este refuerzo llega a clímax. La jerarquía no es sino la sistematización metódica de este sentimiento común.

La sed de poder, sin embargo, tampoco es el motor primigenio del ejercicio de la propiedad. Cuando se tienen propiedad se obliga a lo poseído a actuar respecto a la congruencia a priori (previamente favorecida) y llevar a cabo la ejecución perfecta de lo esperado: reducir la incertidumbre. El placer del control no se basa en la trivial y transitoria sumisión, ya que los ejecutantes podrían ser incluso inconscientes. El gozo adictivo se concreta en la coherencia de lo esperado con el resultado, con la nula ausencia de incertidumbre (hedonismo coherente). Es la mínima incompatibilidad/máxima compatibilidad de la cosmovisión del poseedor con la realidad que asumía indómita la que exhorta a éste a expandir su dominio. Reconozco que también podría interpretarse como reducción del miedo a la incertidumbre. Lo mismo da. Es muy probable que el primer Dios sea uno mismo cuando "tiene la razón" y mientras más se posea este dominio de la razón propia más se reduce la incertidumbre de la realidad, o tal vez sea esa sombra de anti-predicción, el imperioso azar y el acto incomprensible al que hay que someterse porque ininteligible ni sometido. Por mi parte, sugiero empezar con una teologìa de la incertidumbre.

 

domingo, junio 28, 2015

Pelotari

Recuerdo que era fanático de Julio Medem.  Historias de amor desparpajadas que rayaban en la fantasía dentro de lo real. Casualidades con tufo a destino y rutas paralelas cuyo infinito asomaba el cruce. Personas con imanes complementarios que siempre acabarían por orbitarse, acercarse, rozarse y alejarse de nuevo. Oscilaciones que terminaban en una fusión prometida, resueltas desde un principio, sólo éramos testigos del tránsito hacia esa persona prometida. El destino de uno tiene nombre y apellido, ajenos. El otro es mi futuro y esto es inevitable y ominoso.

Luego vino La Pelota Vasca, una peli documental sobre la identidad y la asimilaciòn de vivir en ese estado de sitio que es Euskadi. Ideas rebotando en cada esquina de la pantalla, trayectorias buscando a sus secantes. Euskadi es la única fantasía que les queda, las otras están bien para entretener. Esta y mi hija, dice Medem, son las luchas que elijo para ejercer mi tiempo. Ya no hace cine de promesa, supongo que vive sus elecciones, cambió de pista y cancha.

A veces pienso en renunciarme, en dejar de dedicar tantos piensos a una posible fruición de fantasía  Medemiana a algo útil, veraz y con carga de fantasía trascendental.  Mandar los pesos de la balanza de la voluntad a otra báscula que promete producto tangible social y no efemérides privadas. Cualquiera que sea mi decisión , implica que quiero menos yo.

O tal vez la cama me queda grande.

O tal vez me cansé de pelotear contra la pared.

Y del eco predecible.





lunes, junio 01, 2015

Déjenme en paz

Hubo un momento donde erigir una pared de tipografía era plantarle cara al mundo. Sembrar un cerco vivo de donde las ideas no pudieran escapar. Una declaración de límites y fronteras, darle forma al territorio.

A veces es una frontera tímida, un poco la que dibuja la cuerda de una cometa cuando una niña corre sin reparo volteando al cielo, buscando perturbar los lienzos difusos con este artefacto que de endeble monópedo. Este límite es fácil de transgredir, y sólo es fácil ente visible cuando los tiempos agitan y el veleteo la dibuja de acuerdo a los flujos del momento. Ideas largas, de poca hebra, colgadas de un caprichoso anhelo. No se escapa porque alguna vez un texto de flujo de conciencia lo asió de puro azar.



miércoles, abril 01, 2015

No apto para cínicos

Me ha ido bien en el amor. Primero, porque lo he experimentado y me ha secuestrado varias veces por más o menos un par de años cada vez. Saber que esa compleja sensación existe y se manifiesta por sí sola e independiente de tanto ruido mitificante le da la oportunidad a uno de reconocer esa sensación sin temor a equivocarse. Sólo por acceder a ese estado soy agradecido. Lo mejor: múltiples veces. Segundo, porque he sido correspondido. Jamás he tenido que desprenderme a voluntad de un amor descolocado, de tiempo mal invertido. Me han otorgado sus tiempos, sus intenciones, sus proyectos, sus vidas, sus experiencias, sus ideas, sus cuerpos sin reparo ni temor. Nadie abusó nunca de tal confianza ni se hizo daño que no fuera de chapoteo. Mucho  tienpo queda para amar en la entrega sin contar pesos en la balanza ni midiendo los desequilibrios ni esperando retribuciones. Es evidente que de ninguna de estas experiencias me arrepiento. Cuéntenme como doblemente agradecido. Sin embargo, estas líneas no salen de la nostalgia de aquellos haberes, surgen, lo reconozco, de volver a sentir la emergencia del pálpito inquieto, de la incomodidad impulsiva de saber que uno está conmovido por el otro. tl/dr Farragosamente enamorado, dice este párrafo.

Ahora se cumplen varios años, empero, sin pareja. La edad y la vida acumulan bagajes y compañías que uno no está dispuesto a soltar. La mortandad que se asoma y el escaseo del tiempo para reir reduce la tolerancia y las oportunidades de empatar personas a tu línea de vida. Los hay que, francamente famas, diría Julio, se esmeran en sí y para sí en el teatro de la nada, como queriendo ganar el Guinness a la mayor cantidad de aplausos por nanosegundo. O perseguir el diploma a mejor simulador de esclavo/rockstar/ciudadano prototipo. No hay caso ahí porque sólo hay espacio para uno. tl/dr La mayoría ya tiene una forma discreta del amor que bien parece que los complace. Sea.

Pero estamos los defectuosos, los anquilosados, los subhumanos que de alguna manera sabemos que podemos ser más-que-uno cuando alguien-con-uno. Intensos e insistentes de aquella suma antiaritmética. Ansiosos de ejercer la vida-con-para-desde dos (o más) y que de la forja salga una especie nueva, una quimera inesperada, un híbrido difuso de tiempos paralelos cuyo valor mínimo es porque único y angulo que irrumpe en el universo y cuyo valor máximo porque finito de irrepetible e impredecible. Nunca he experimentado cosa más cercana a la apoteosis que ese momento cuando una comprensión ininteligible se comparte (¡sin saber cómo!) simultáneamente entre dos mentes. El momento en que cuaja La Complicidad Más Pequeña: uno comprendiendo que el otro... 

Y se miran y se saben.

Esa es tan buena definición como cualquiera, tal vez amar sea plantarle cara al mundo para sostener esa sincronía de comprensiones. 

Claro, pero hoy sólo con ella.


lunes, marzo 23, 2015

Mandobles.

Trémula marchaba a paso forzado por una de las jardineras. El crepitar de los arbustos se sostenía como los dientes de la noche masticando su última oportunidad de llegar. Ya llegaba tarde y si además sana sabía que perdería la oportunidad por completo. La de veces que Débora había hecho lo mismo con los cuchillos de la cocina, desde los deberes de la universidad hasta la última comida familiar se volvían un tumulto de mimos y favores vueltos sobre uno. Ella misma pensaba la de veces que acabó encamándose con Deb porque le mostraba las heridas nuevas profundizadas con esa violencia pasiva que es la explicación del dolor propio por el acto ajeno. Se entregaba plácida a Débora con tal de poder acariciarle las muñecas, paliar mansamente con los dedos el cuerpo de la causa los accidentes en la otra. Ella, Débora, la concentradora de los maltratos ajenos, el estoico recipiente de el mal-de-los-otros.

Vivieron juntas dos años. Así, Débora acabó por gastarse toda la culpa que cabía en el cuerpo lánguido de Trémula y ella, más exhausta que sabia del juego, decidió dejarle el apartamento entero. Libros, hábitos, notas, sábanas, Fellini, desodorantes y cuchillos. La despedida fue más bien aceda, de tímidos "estamos-al-tanto-del-otro" que se desprendieron como mentiras blancas nada más pasando el umbral. Una de ellas, abusando del juego con alguien menos enterado, no llegaría al siguiente Mayo.

Trémula conoció a Pía por internet. Después de la primera manifestación se besaron largo y no consumaron sólo porque la colonia estaba bien illuminada. Trémula sabe que Pía sale con otras, lo ha visto en su perfil, todas le recuerdan a ella antes de conocer a Débora. Rebosantes de ánimo, placer, consideración y perdones. Leyó en las redes sociales que Pía saldría hoy, los comentarios coquetos y el GPS de la sensual fotógrafa de apenas 18 años hicieron evidente que Pía ya le esperaba en el café. "No con Pía, estúpida tome-selfies" piensa Trémula mientras avanza con huizapoles enterrados en los huizapoles enterrados.

Cada segundo puede significar llegar tarde, pero cada rasguño en sus hasta hoy impecable piernas, piensa, le traerán un pedazo de eternidad con Pía.


domingo, enero 25, 2015

Gracias por participar

Me sentía listo. Sereno, incluso. El calzado aprobado por el frente y por el instituto. La viga de la vida bien asida entre las manos, los pasos en el alambre dirigidos y constantes. Los pasados bien acomodados y fijos, con ningún cabo suelto. Acumular tiempo y espacio entre las manos para introducir más malabares.

Nada.

jueves, enero 01, 2015

Rehab

Los aires cortos y los pulsos inciertos aparentaron sensatez en las letras cortas y lábiles y me dirigieron hacia el episodio efìmero y su recompensa vana. Estas serpentinas de breve aplauso sólo han contribuido a la lucha de ruido que como pareidolia burda a veces asemeja el contorno de alguna verdad profunda cuyo relieve aparente con tibia inspección desaparece.

Cada vez es más dificl sostener una idea por un tiempo largo y acicalarla debidamente. El miedo a que sea la idea incorrecta y perder ese tiempo de incubación, o bien, la ficticia esperanza que la nueva idea en turno es m`ás adecuada porque responde al contexto inmediato nos hace abandonar y retomar todo espasmo mental que se nos ocurra como una pequeña revolución digna de seguirse hasta ver la cosecha de likes.

Chapotear en este confeti cansa y satura, en vez de aceptar cabalmente a la incertidumbre y lo efímero y construirnos un carácter para sostener un bastión ideológico sin conceder a este tiempo de ruido blanco, concedemos a cada ocurrencia su tiempo de principio rector, buscamos la experiencia finita, nos volvemos tìteres de la prueba y error. Nos agotamos en petardos.

Me gustaría regresar a esos tiempos donde una idea se instalaba y me poseía hasta que se convertía en un cuento redondo e ininterrumpido. Una presencia insistente y que no me soltaba del todo, una pequeña fe y un pequeño dios buscando la exégesis. Sin aceptar jamás algo menor a la apoteosis, sin temor al costo de perder las alternativas. Compromiso, le dicen, y está escaso.

Cuando esta mixtura de nimiedades buscagustos se fermenta lo deja a uno con estos textos más bien crípticos y desbastados, invertebrados asilabados. Siempre con la secreta e inquietante busca de la frase pegadora, como si todo el tiempo se recuperase en dos líneas, como si el olor residiera en un pedazo de la molècula. Como si la atmósfera fuera sólo el adorno circundante de la esencia individualizada, nos hemos vuelto en lectores muy egoístas.

¿Por qué dejé de escribir largo?¿Por qué me volví tan fragmento cómodo, tan buscón de tu gusto?

Sniceramente, espero que este texto te desagrade lo suficiente como para que no lo olvides despuès de un like. Solicitar mayor trascendencia es ilusorio.

Leamos lo difícil, redactemos desde lo incómodo.

domingo, octubre 05, 2014

Semanario.

"¡Necia! A que pronto te olvida". Fue la sentencia que adornó la última desazón que tuvo con Estela. ¿Dónde esconder tanta verdad para la siguiente ocasión que se vean? No lo sabe. "Ya veremos" se dice. Porque la siguiente vez será Marcos. Marcos y sus dientes afilados que relame antes de cada confesión cachonda como si preparara la revancha al atraer el momento próximo de nuevo y lo deglute con anticipación. Marcos era alto, cernido, y listo porque, sabedor de la suerte que acompaña a los bien parecidos, ostentaba un buen puesto administrativo en la fábrica de electrónicos sin mayor mérito que el elogio insinuante y la complicidad infalible con el reloj checador. Marcos con envidiable plan dental y prestación de gimnasio siempre el jueves a la seis tenía las penas corporales ahogadas en sudor desde hace años. Si lo sabrá ella que en las noches de inquietud apretaba las sábanas en el musgo de su entrepierna desde el recuerdo de sus uñas al rasguñar la espalda de Marcos. Pero si el sexo era bueno, la sobrecama era excelente, Marcos se sabía amante generoso y nada estorbaba el intercambio del clímax, por lo que el postcoito era hablar de los otros, reír y juguetear hasta quedar atrapados en el religioso programa de naturaleza (o cuando en el canal cambiaron de horarios, el boxeo) ataviados con esa boba sonrisa de satisfacción. Si había algún defecto era que nunca se quedaba a dormir, Marcos era el par de horas que ella buscaba anotar cada sábado en la agenda (a las 8:30, después del americano de él y el crossfit de ella) y cuya angustia se renovaba cada semana cuando, al despedirse, Marcos regresaba desde el pasillo, como si hubiera olvidado las llaves del auto por enésima vez y preguntarle con una timidez que nunca se sentìa vieja: "Y.. ¿puedes el próximo sábado?" Y ella sí que sí, que sí y que claro que sí por adentro y "Te mando whatsapp" por afuera. Entonces se disparaba en ella un cronómetro interno para que el jueves, siempre el jueves por la tarde recibiera un mensaje de voz juguetón, siempre el mismo: "Me llamo Marcos, y no recuerdo ahora qué dice tu perfil que te falta. Pero seguro que sexo este sábado, no". La primera vez que lo escuchó se mojó un poco y las rodillas se le cerraron temblando, el día de hoy le sabía un poco a otra-vez y menos a ludismo. Todavía no ha mucho que calzó de peculiar idiosincracia esta pequeña extravagancia, pero empezaba cansarle la posibilidad de que Marcos usara esta original, pero casi ensayada estrategia con otras. A final de cuentas, hay mas días que el sábado, hay más lechos que el suyo.

Estela le había advertido de que las personas que se inscriben esa red social deben tener alguna carencia fisiológica o mental importante: habrían perdido una mano en un accidente, otros un brazo o una pierna, los hay que no tienen un oído o poseen una nariz falsa de silicona, hay clanes alrededor de ciertos síndromes, abundan a los que les falta algún dedo y son una considerable mayoría. En su perfil, ella puso que era ciega. Mintió, seguramente todos lo hacen y seguramente también le falta algo, se justifica. No es que importe mucho tampoco, en esta red nadie sube sus fotos. Enviarlas, inclusive, se considera de mal gusto y contra el espíritu de la comunidad.

Ella todavía no ha encontrado en dónde está tullido Marcos.

Marcos llamará cada jueves y la olvidará cada domingo.

lunes, agosto 25, 2014

Muestreo

Otra más. La pinza trémula viaja del suelo al frasco con sesgo decidido. Las hormigas bailan atrapadas en el ruido de sus trayectorias aceleradas porque una señal desaparece, luego otra, y otra más y hay que llenar ese espacial silencio con más confusión y menos desplazamiento. Varios cuerpos que señalaban el camino su casa, esa colmena en el aire negativo, estaban apagadas como semáforos después de la inadvertida tormenta de la madrugada.

No es necesario tocar al vecino para descubrir su ausencia. Cada desaparición como si quitaran una aguja que sostiene a este dios-rizoma. La comuna se afloja a vértigo como un campo de frágil gravedad y nadie se queda a comprobar su cimbra cuando al fin el eclipse se muda al hormiguero vecino. Nosotras, las morusas de la fuerza laboral, buscamos entre nosotras hermanas-rastro para regresar al hueco. Algunas compañeras se eslabonan y peregrinamos como rosario poseído que finalmente se estucha por tanteo.

 

 

jueves, agosto 21, 2014

La haine

That remark finally broke the dam. Suddenly, he stopped. And all of time in the room suspended accordingly. There it was, his very last crumb of control. For he was the teacher. He saw their expectant faces wry and thought:

"The long, drab and public path to my demise. And you guys got fronts seats. You'd better bring some popcorn."

And he went through with the class, as if a parallel brain, a habit-infested stem, took over his motor cortex. All this while a clip from La haine played in his head over and over echoing:

"Jusqu'ici, tout va bien."

jueves, agosto 07, 2014

We were commuting and so it goes that we glanced, at a distance yet in full abetment. 

Spontaneously, the tip of each finger smelled of acrid tar. Then our hair would grow and twist itself wildly in a sudden, damp cringe. Teeth darkened while our tongues felt numb and inebriated of smart comebacks and dry tannins.


We trickled an exhausted nod to each other. After all, it was a great #metadate.

sábado, julio 05, 2014

Back in the game

No recordaba lo bien que se siente conversar suelto y hacer pactos comunes sin obstáculo alguno. Fluir. Tener cómplice de ñoñez académica, cine, teatro, música. Hacer reír a alguien por horas. No hay mejor estímulo que la risa honesta y ligera de una mujer.

Pues eso, a jugársela y buscar a alguien que se la juegue.

 

domingo, junio 08, 2014

domingo, mayo 25, 2014

La década de los otros

Hace diez años acabé el proyecto más ambicioso de mi vida: el posgrado en ciencia. Tesis en mano y artículo en el horno la graduación se sentía triple: adulto, posgraduado, científico publicado en gran revista de primer autor. A todo lo anterior le correspondí con lo que ahora veo como un voltear de espaldas. Decidí, por razones de no-soledad y muy ordinarias, regresar a mi terruño y a la pareja que (creía yo) sería la última. Recuerdo claramente el plan: "Acoplarnos al otro un par de años, dar unas clases o algo tranquilo y que no quite tiempo, al tiempo estar buscar el doctorado en el extranjero o en algo relacionado a la divulgación." Sin saberlo todavía, dejé la investigación (tal vez) para siempre.

 Los planes, dicen los sabios, son para desviarse de ellos. Separaciones agitadas aparte, y en una métrica imposible del tiempo, los dos años se desdoblaron en una década. Brincar de un par de trabajos administrativos muy especializados y monótonos me hizo buscar con urgencia la acogida en una escuela que, por coherencia, fuera de puro laica y racional. Clase modelo, una recomendación de una amiga que ya laboraba ahí y todavía con el ímpetu de la investigación científica empecé a impartir clases en una preparatoria. es aquí donde el reloj interno del par-de-años-máximo empezó a correr. Porque uno debería ser pensador-divulgador-comunicador de la ciencia a como deba ser y la docencia era para mí, para entonces, una forma menor, tardía e ineficiente de formar curiosidad científica. Antes de que pudiera repensar la docencia estaba ahogándome en novatadas: alumnos variopintos y uno famoso por ser imposible: duro, aguerrido e incontenible como el brazo de Pompeyo. Cometiendo todos los errores del profesor nuevo a raudales de diapositivas, descubrí que la autoridad era no esa voz dura y los gestos tumefactos que heredé de mi recio padre, sino priorizar la educación y formación sobre cualquier idealidad que uno planee para sus pupilos. Desvencijado por los tumbos de una ambición desmedida y los sorprendentes brincos de comprensión de lo jóvenes reconocí que la docencia era un fenómeno mucho más complejo e intrincado.

Pasaron los dos años menos "productivos" de mi vida: aprendiendo otro oficio. El precio se los debo a esas dos generaciones que pagaron con educación mediocre mi reconfiguración. Ciego en el frenesí laboral de la educación comprometida, la intención de seguir el doctorado seguía latente: leía alguno que otro artículo de investigación, recibía correos y llamadas de mis tutores para atraerme a sus proyectos. Estas eventualmente cayeron en lo esporádico y alguno fue el correo que nunca recibió respuesta: oficialmente estaba muerto para ellos. Demasiado ocupado como para hacer luto a mi carrera de investigador, consumía y recolectaba tanto material de filosofía e historia de la ciencia como me fuera posible. La coincidencia de esta redefinición de mi concepto de ciencia con el de un grupo de alumnos decididamente brillantes, nobles y dedicados quisieran hacer ciencia me convirtieron en un docente inquieto, siempre integrando mis lecturas y descubrimientos al cuerpo de mis clases. Me convertí al fin más que en un docente de la Química en un docente de la Ciencia-en-sí. dándome cuenta de lo complejo que es hacer ciencia en México, agradecí cuantimás mi formación, no había en ese momento cosa más importante que pagar a la sociedad mi educación universitaria y de posgrado. Pero, ¿cómo devolverlo íntegramente? Era claro: había que formar científicos, investigadores o bien, personas escépticas con firmes bases de conocimiento científico. Y parecía ideal: los futuros ya estaban entre mi alumnado.

Al tiempo, decidía no decidir, por ejemplo, a la pregunta "¿Quieres hacer carrera administrativa en esta escuela?" respondía: "no, porque pronto me iré al posgrado" y la pregunta: "¿quieres venirte a hacer el posgrado conmigo?" respondía "Pronto, que primero tengo que pagar en especie." Acepto que esos años fueron la mera "abbondanza": edad menor a treinta años, pareja fabulosa y sinérgica, lectura y más lectura continua, amistades comunes, conciertos, viajes, alumnos queridísimos, dedicación casi vocacional a la docencia, reconocimientos. Mis primeros artículos de divulgación impresos me hacían pensar que todavía estaba en el camino de la divulgación, historia y filosofía de la ciencia. Cinco años de docente se habían ido y el posgrado se quedaba en "bookmarks" y comentarios con mis jefes y amigos con mucha dosis de "el próximo año aplico". ¿Quién querría dejar todo eso por cuatro años de soledad académica y becas insuficientes?

Los treintas estaban a la vuelta de la esquina. Los alumnos birllantes ya estaban acomodados en licenciaturas decididamente científicas: la deuda con la sociedad estaba (inocentemente) pagada. Conocer a Marcelino Cereijido y a Jorge Wagenberg el mismo año, pensar en proyectos y más proyectos de divulgación: páginas, artículos, cómics, lo que fuera. Coloquios, charlas y café scientifique. A pensar en uno, a pensar en la ciencia. La prioridad en los veintes era el cambio, cinco años en la misma institución tenían un tufo a estancamiento y medianía. Un cambio , el cambio, cualquier cambio vendría bien. Y mientras más grande, mejor. En un escalafón cómodo y bien remunerado uno construye la ilusión de seguridad económica. El síndrome de las Aguas de Marzo me obligó a que "É o projeto da casa, é o corpo na cama, É o carro enguiçado, é a lama, é a lama". Las deudas, no lo sabía, son el lastre más definitivo. Y así, en ese mismo año, todo colapsó: deuda a 20 años, fin de relación, estancamiento laboral. Los proyectos de revista, cómic, divulgación Lo único que parecía mantenerse era el flujo de alumnos brillantes y curiosos, precientíficos. Las crisis se sobrellevan anclándose a lo largo y permanente. Mis clases, mis alumnos, mi plaza laboral todos islas para la siguiente tempestad.

Ya nadie me preguntaba del posgrado, ya nadie me lo pregunta. Tienes una casa por pagar, ¿qué pagas con una beca? La independencia es su principal enemiga.

 Los últimos tres años no pienso discutirlos. Baste decir que la situación personal y familiar empeoró al grado en que la docencia y la imposibilidad de crecimiento en una escuela pequeña la convirtieron en el medio para la supervivencia, más que la inspiración para convertir a la sociedad. Sigo siendo un docente eficiente y capaz, producto de lo apre(he)ndido y avanzado. Pero la educación es mucho más que números y eficiencia: es motivación implícita, plataforma intelectual y emocional. Mantener y cultivar racionalmente la cuestión. A las generaciones recientes y futuras les debo un poco de esto último, puede ser que les imparta lo menos importante de la docencia: conocimientos.

Tantas pequeñas situaciones se aglutinan, alcanzan, y rebasan. La vida-fuera-del-laburo (la salud, la familia, las pocas amistades que me quedan) tienen imposiciones ineludibles que empequeñecen el radio de visión, de impacto futuro o tal vez sólo lo dimensionan a la esfera realidad que siempre fue tu radio de acción posible. Les diré en una década, honestamente no lo sé.

Dos años convertidos en diez de docente me han enseñado cómo ser más tolerante y balanceado con los demás. Dos años de docente no lo son si no se ofrecen diez de tu mejor capacidad de asociación, consideración, servicio y colaboración. Los años en la docencia no le pertenecen a uno, son de los demás. Esta década fue para los otros, solo así se puede ser una palabra de tanto peso como "maestro" o "profesor". Cuando pierda esto y se vuelva mero medio de supervivencia, dejaré la docencia al instante, pronto se volvería un farragoso tedio.

Sin duda, el precio de la docencia fática es demasiado alto: se paga con futuro común, con un paso más cercano a la extinción. Regresamos a mi influencia: ¿Acaso un posgrado habría tenido tanto impacto? Sí. Sólo para mí, sólo para el ego, sólo para un futuro individual. Mi yo en el pasado(osado, atento, lúcido) estaría orgulloso y sabría expresarlo mejor, me diría algo así como: "Sí, tal vez perdí un posgrado y una carrera de investigador, pero obtuve cientos de distintas perspectivas a considerar, decenas de valiosos conciudadanos para colaborar, y tal vez, si algo hiciste bien en diez años, un par de valiosos colegas. Los cuales sí van a hacer el doctorado, claro :P"

 Algo de la docencia es clonación.

domingo, abril 20, 2014

Requiescat in praeteritus

Las renuncias se llevan en la contabilidad oculta. El fantasma de las consecuencias que nunca fructificaron flota sobre nuestras cabezas, neblina obcecadora que empaña las intenciones y acciones del hoy.

 

Debería bastar con las agitaciones fortuitas para dispersarla pero las confecciones de lo imposible desobedecen a las leyes de difusión y son imposibles de disolver por completo. Acaso encuentran mayor sustrato para proliferar, adherirse, ligarse y vibrar con cada decisión que implique esos futuros negados llamados decisiones.

 

Exiliar esta nube de posibilidades es tan productivo como darle puñetazos al smog. Se puede pensar que el esfuerzo eventualmente cederá a una claridad a un estado de prístina perspectiva. Vano. Mejor receta es permitir que se sucedan las consecuencias de la elección hecha en la coloidal ceguera de escenarios posibles en vez de rumiar el-qué-será-será. Como en una lluvia inesperada, es el refugio predecible de la causalidad la que precipita nuestros teatros difusos.

 

Acojamos la consecuencia que la duda nunca desaparece del todo.


 

lunes, febrero 03, 2014

Ayer me preguntaron...

Hoy me preguntaron si te extraño. Esa pregunta no me recuerda a ti sino a lo que ya no eres. De todos los vacíos de las mujeres que , como tú, he amado, he hecho una suerte de caverna. Esta cueva está construída con huecos de la memoria: la esculpo y deformo a conveniencia editando los recuerdos vecinos, de ti, de todas, de nadie, de nada.

En mi familia corre fuerte el gene de los interiores decorados y yo no soy la excepción, cada que visito la cueva atento contra sus honestas aristas agresivas y rígidas para hacerla cómoda, casi habitable. Entonces los ángulos cristalinos desgarradores ya están romos por el desgaste de cada visita ocurre que las recuerdo a todas amables, valiosas, amorosas, felices, plenas pero sobre todo las recuerdo por el espacio que ya no ocupan. Con las visitas he acarreado conmigo un virus espacial que ha infectado, sin notarlo , este santuario de fantasía y vácuo oropel. Una cueva llena de pérdida.

Hoy me preguntaron si te extrañaba y extraña me pareció la pregunta porque tú ya eres tan otra cosa en sí y tan otra cosa dentro de mí que simplemente éstos ya no pueden eclipsarse. Lo más honesto es decir que a veces regreso a la cueva y trato de medir el espacio que necesitaría una persona para llenarla y olvidar el hueco. ¿O será que si no la visito nunca más la memoria hará precipitaciones nuevas, falsas y conciliadoras? ¿Será que para que llegue alguien a debo negar su ausencia? El precio muy probablemente sea olvidarlas, anecdotizarlas, reducirlas a una experiencia o episodio, fascículo, relación de panfleto: desecho. Las quise demasiado, no me gusta pensar que nos entregamos tan enteros a una fracción.

domingo, enero 26, 2014

Síntomas de la supervivencia.

El cine, las novelas y los cómics no son sino compañías intimantes, lo suficientemente cercanas y acaparantes como para hacerme el olvidar los cada vez más fallos del cuerpo. A diferencia de las personas, cuyo actuar ampliamente demuestra que cuando alguien padece de cualquier síntoma de falibilidad se le desecha, estos objetos son a la vez carentes de esta perversa selectividad y otorgantes de un destilado de lo mejor de su autor. Es un tiempo de sacrificar personas reales y disueltas en lo cotidiano por sus obras que son ellos pero en breves y concentradas dosis. Los achaques son el nuevo segundero que indica que no me queda mucho tiempo, de ahí la solitaria decisión.

 

Mi mayor arrepentimiento fue nunca practicar la renuncia. Hay tantos hábitos cuya renuncia me hubiera no sólo acumulado tiempo y supervivencia, también ahorrado desagrados y sinsabores. La de tiempo que hubiera dejado de embarrar en días laborales buscando sólo cubrir más área, o más excepciones. Dos o tres renuncias en mi carácter me habrían tal vez asegurado amor largo o una profesión apasionada. Inebriado con la promesa del término, ofusqué las alternativas de la dejadencia. Hay certidumbre en la renuncia: mínimo la negación de lo actual. La renuncia es la mejor de las simulaciones del albedrío, la elección acota, la renuncia amplía.

 

Este último intento por no palidecer, de morir como una supernova que se distribuye intelectualmente en cada persona vecina, de no cejar en la busca de nuevas relaciones y sentidos. De estímulos novedosos y desconocidos no triviales, ha sido también distribuirse entre tantos campos que uno se agota y sufre incursiones por varios frentes: salud, psique, ánimo, economía, desempeño son hoyos en el cedazo y uno tan arena de los días cuyo único recurso es apelmazar. Fluir y repartirse en gránulos, luego en grava, puede que al final quede sólo el monolito de basalto. Redondo porque la vida de momentos que acuñan es isotrópica.

 

No quedo mucho, pero todavía algo hay del pabilo.