Escribía Paleoficción Natural y sus apuntes estaban llenos deste tipo de notas:
"Una manada de perros primitivo que orinan en sincronía acaba de exterminar un lote de un pasto único que jamás conocerá la cancha del Nou Camp. El paso de la manada motea vastas extensiones de territoria que a golpe de urea selecciona plantas urótrofas. El patrón visto desde lo alto parece un campo ajaguarado que permite a la jauría de protohienas -mucho más solemnes en aquel entonces- rastrear a la manda y emboscarla en la noche, dentro de la confusión, logra escapar dentre la perrada un especimen más bien pequeño cuyo ladrido se confunde con el todavía mesurado berrido de las prohohienas. Nunca se imaginó el minúsculo sobreviviente que esta noche sería de las últimas noches de azarosa fortuna, que su linaje devendría, a la muy larga, hacia el cómoda estadío vital que le corresponde a un Chihuahua."
viernes, julio 03, 2009
lunes, junio 22, 2009
Tautómeros
En la arena ideológica del primer motor, principio absoluto, Dios o lo que guste eufemismizar, existen dos grandes categorías :
Los que otorgan el beneficio de la duda (teístas, creyentes, metafísicos, místicos)
y los que dudan del beneficio que ello otorga (ateos, escépticos, incrédulos, agnósticos).
Los que otorgan el beneficio de la duda (teístas, creyentes, metafísicos, místicos)
y los que dudan del beneficio que ello otorga (ateos, escépticos, incrédulos, agnósticos).
martes, junio 16, 2009
El escritorio de Oliver Sacks
A veces me dan ganas de hacer perfiles de eprsonas basados en sus objetos, sitios, hábitos, más que en sus opiniones, pensamientos, respuestas. Le hecho es crudo, la palabra suele ser decorada. Una mente y autor envidiable, Oliver Sacks, permitió que se le tomara una foto a su escritorio de trabajo. Sí, de la plataforma desde donde han salido libros como Tío Tungsteno, Awakenings, Musicofilia, EL hombre que confundió a su mujer con un sombrero y Un antropólogo en Marte.
Dar click aquí para visitarlo.
Lo único que comparto con él es que mi escritorio también presenta una foto de Linus Pauling, pero si hubiese conocido a S.J. Gould, a Crick, a Joliot-Curie, seguramente tendría esas fotos montadas frente a mí. Lo que le envidio: todas las muestras de metales que hacen de terapia ocupacional. Esta sección de su realidad dice muhco más que las biografías que me he cansado de leer del buen Oliver, disfruten.
Dar click aquí para visitarlo.
Lo único que comparto con él es que mi escritorio también presenta una foto de Linus Pauling, pero si hubiese conocido a S.J. Gould, a Crick, a Joliot-Curie, seguramente tendría esas fotos montadas frente a mí. Lo que le envidio: todas las muestras de metales que hacen de terapia ocupacional. Esta sección de su realidad dice muhco más que las biografías que me he cansado de leer del buen Oliver, disfruten.
domingo, mayo 31, 2009
Galileo, de Bertolt Brecht
Aquí, la postura verdaderamente científica que debió tener el astrónomo de Padua, se manifiesta en las palabras que ocupan la primerísima página de Galileo, obra teatral de Bertolt Brecht. A más de un maestro, divulgador, y literato nos vendría bien aspirar un poco de ese aire de revolución que mana de la obra:
"El tiempo viejo ha pasado y estamos en una nueva época. Es como si la humanidad esperara algo desde hace un siglo. Las ciudades son estrechas y así son las cabezas. Supersticio¬nes y peste. Pero desde hoy no todo lo que es verdad debe seguir valiendo. Todo se mueve, mi amigo."
...
". Desde entonces ha sobrevenido el gran deseo: investigar la causa de todas las cosas, por qué la piedra cae al soltar¬la y por qué la piedra sube cuando se la arroja hacia arri¬ba. Cada día se descubre algo. Hasta los viejos de cien años se hacen gritar al oído por los jóvenes los nuevos descubri¬mientos. Ya se ha encontrado algo pero existen otras cosas que deben explicarse. Mucha tarea espera a nuestra nueva generación."
...
"Porque lo que dicen los viejos libros ya no les basta, porque donde la fe reinó durante mil años, ahora reina la duda. El mundo entero dice: sí, eso está en los libros, pero dejadnos ahora mirar a nosotros mismos."
Incluso hay humor, se ve que se tomó en serio eso de los "vientos de cambio":
"A la verdad más festejada se le golpea hoy en el hombro; lo que nunca fue duda hoy se pone en tela de juicio, de modo que se ha originado una corriente de aire que ventila hasta las faldas bordadas en oro de príncipes y prelados, haciéndose visibles piernas gordas y flacas, piernas que son como nuestras piernas. "
La verdad, inmaterial, lista para el que libre, ausculte a la naturaleza, es propiedad del que la quiera poseer. Basta recordar que Galileo escribió sus Diálogos y Discursos no en latín, sino en italiano, es decir, para las masas:
"Yo profetizo que todavía durante nuestra vida se hablará de astronomía hasta en los mercados y hasta los hijos de las pescaderas correrán a las escuelas. "
La primera pertinencia para tener una postura científica es, sobre todo, curiosidad. Intimarse con el fenómeno, observar:
"ANDREA. — Pero es que yo veo que el Sol está al atardecer en un lugar muy distinto que a la mañana. No puede entonces estar inmóvil. ¡Nunca! ¡Jamás!
GALILEI. — ¿Así que tú ves? ¿Qué es lo que ves? No ves nada. Tú miras sin observar. Mirar no es observar. "
Gracias, Brecht, porque con tanta comentata sobre la brecha entre las dos culturas, nos recuerdas que del lado literario del (ficticio) abismo entre las cultura de las letras y la cultura de la ciencia, sólo hace falta voluntad y dar el brinco al primigenio vacío que es escribir la primera página.
"El tiempo viejo ha pasado y estamos en una nueva época. Es como si la humanidad esperara algo desde hace un siglo. Las ciudades son estrechas y así son las cabezas. Supersticio¬nes y peste. Pero desde hoy no todo lo que es verdad debe seguir valiendo. Todo se mueve, mi amigo."
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". Desde entonces ha sobrevenido el gran deseo: investigar la causa de todas las cosas, por qué la piedra cae al soltar¬la y por qué la piedra sube cuando se la arroja hacia arri¬ba. Cada día se descubre algo. Hasta los viejos de cien años se hacen gritar al oído por los jóvenes los nuevos descubri¬mientos. Ya se ha encontrado algo pero existen otras cosas que deben explicarse. Mucha tarea espera a nuestra nueva generación."
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"Porque lo que dicen los viejos libros ya no les basta, porque donde la fe reinó durante mil años, ahora reina la duda. El mundo entero dice: sí, eso está en los libros, pero dejadnos ahora mirar a nosotros mismos."
Incluso hay humor, se ve que se tomó en serio eso de los "vientos de cambio":
"A la verdad más festejada se le golpea hoy en el hombro; lo que nunca fue duda hoy se pone en tela de juicio, de modo que se ha originado una corriente de aire que ventila hasta las faldas bordadas en oro de príncipes y prelados, haciéndose visibles piernas gordas y flacas, piernas que son como nuestras piernas. "
La verdad, inmaterial, lista para el que libre, ausculte a la naturaleza, es propiedad del que la quiera poseer. Basta recordar que Galileo escribió sus Diálogos y Discursos no en latín, sino en italiano, es decir, para las masas:
"Yo profetizo que todavía durante nuestra vida se hablará de astronomía hasta en los mercados y hasta los hijos de las pescaderas correrán a las escuelas. "
La primera pertinencia para tener una postura científica es, sobre todo, curiosidad. Intimarse con el fenómeno, observar:
"ANDREA. — Pero es que yo veo que el Sol está al atardecer en un lugar muy distinto que a la mañana. No puede entonces estar inmóvil. ¡Nunca! ¡Jamás!
GALILEI. — ¿Así que tú ves? ¿Qué es lo que ves? No ves nada. Tú miras sin observar. Mirar no es observar. "
Gracias, Brecht, porque con tanta comentata sobre la brecha entre las dos culturas, nos recuerdas que del lado literario del (ficticio) abismo entre las cultura de las letras y la cultura de la ciencia, sólo hace falta voluntad y dar el brinco al primigenio vacío que es escribir la primera página.
domingo, mayo 17, 2009
Extrema unción.
El niño solía pasar las horas con la ventana del carro abajo, y con el dedo índice los elegía. No todos eran tocados en la crisma por su yema engrandecida por el truco de la perspectiva. Mas bien pocos eran los ungidos por su falso hábito. Así pasaba las horas de tránsito, bautizando a transeúntes anónimos. Eso, hasta que con una débil y fatigada sonrisa terminó la marca de los elegidos. Fue entonces, cuando cual sordo y unísono tapón, todas las cabezas explotaron.
viernes, mayo 15, 2009
White Trash
I
Podría no estar pasando, pero es que se suda la evidencia. No es que me cause inmenso placer el ver al marido golpearla. En absoluto, me repugna al grado de que casi me borra por completo esta sonrisa de la cara. Y no es esta la marca del cínico, simplemente que la sonrisa es la respuesta boba y fisiológica que se viene cuando todo sale de acuerdo a lo urdido. Sonrío cuando resulta que la bofetada que ahora cruza la cara de la muchacha es un golpe que no proviene desde la voluntad del marido abusador. Más bien, es la mecánica inescapable previamente descrita por otra voluntad, la mía. Cada encuentro sordo desde éste el presente violento es el laurel que recibo desde un futuro planeado hace tiempo. Se puede decir que todo ese crimen de civismo desmanerado que ahora sucede en la acera de enfrente, bajo ese árbol. Es nada de ocasión y todo mi obra.
Aunque la escena que he causado podría hacerme parecer frío y calculador, no se me debe tomar como una mente cuya única función es la de ser un sátiro y déspota elucubrador de debacles maritales. No, no es de mí ni de mi costumbre hacer oficios neutros y precisos, ni construir a partir de materiales limpios o mentes impolutas. No podría. No soy, pues, un banquero, usurero, terapeuta, ni cirujano. Profesiones todas metódicas y de elaborada dignidad. Erraríamos también si se piensa que soy un agente que piensa en desestabilizar el orden social por medio de pequeñas revoluciones de machuelo, martilo, pica, y hoz. Mas bien, celebro que he logrado, a base de un casual brote de perspicacia, una inusual dosis de lógica, y con los medios más improbables, hacer que el matrimonio más perfecto e intachable a mi alcance se encuentre en este momento trompeándose en público y maldiciendo sus entrañas. Y hay que ver lo honestas e inmaculadas que están las propinadas, los manotazos y los improperios que ya se empujan como verbena popular en pleno diciembre. Algo hay en ese flujo de fuerza e inevitabilidad de consecuencia puramente lógica. Si me lo pienso bien, esta golpiza es la verdadera concepción del orden puro: el seguimiento sin desviación de la voluntad de un ser que, por lo menos para ellos dos, es el más sabido, conocedor, dueño, y superior de sus vidas.
Ah, y no por sonreír al calce de mi éxito se desmerezca y olvide mi oficio: Recolector de basura.
Podría no estar pasando, pero es que se suda la evidencia. No es que me cause inmenso placer el ver al marido golpearla. En absoluto, me repugna al grado de que casi me borra por completo esta sonrisa de la cara. Y no es esta la marca del cínico, simplemente que la sonrisa es la respuesta boba y fisiológica que se viene cuando todo sale de acuerdo a lo urdido. Sonrío cuando resulta que la bofetada que ahora cruza la cara de la muchacha es un golpe que no proviene desde la voluntad del marido abusador. Más bien, es la mecánica inescapable previamente descrita por otra voluntad, la mía. Cada encuentro sordo desde éste el presente violento es el laurel que recibo desde un futuro planeado hace tiempo. Se puede decir que todo ese crimen de civismo desmanerado que ahora sucede en la acera de enfrente, bajo ese árbol. Es nada de ocasión y todo mi obra.
Aunque la escena que he causado podría hacerme parecer frío y calculador, no se me debe tomar como una mente cuya única función es la de ser un sátiro y déspota elucubrador de debacles maritales. No, no es de mí ni de mi costumbre hacer oficios neutros y precisos, ni construir a partir de materiales limpios o mentes impolutas. No podría. No soy, pues, un banquero, usurero, terapeuta, ni cirujano. Profesiones todas metódicas y de elaborada dignidad. Erraríamos también si se piensa que soy un agente que piensa en desestabilizar el orden social por medio de pequeñas revoluciones de machuelo, martilo, pica, y hoz. Mas bien, celebro que he logrado, a base de un casual brote de perspicacia, una inusual dosis de lógica, y con los medios más improbables, hacer que el matrimonio más perfecto e intachable a mi alcance se encuentre en este momento trompeándose en público y maldiciendo sus entrañas. Y hay que ver lo honestas e inmaculadas que están las propinadas, los manotazos y los improperios que ya se empujan como verbena popular en pleno diciembre. Algo hay en ese flujo de fuerza e inevitabilidad de consecuencia puramente lógica. Si me lo pienso bien, esta golpiza es la verdadera concepción del orden puro: el seguimiento sin desviación de la voluntad de un ser que, por lo menos para ellos dos, es el más sabido, conocedor, dueño, y superior de sus vidas.
Ah, y no por sonreír al calce de mi éxito se desmerezca y olvide mi oficio: Recolector de basura.
jueves, abril 30, 2009
Nomás un puño de tierra...
El Sin Nombre se apea al fin en la sospechosa tierra colorada. Fueron tres semanas de camino y su caballo jadea y rebufa de cansancio y sed. Aunque el color parece bueno y rijoso sigue desconfiado: los cascos de su caballo sugirieron que esta tierra es compacta y rígida, pero eso puede ser porque siguió las rutas comunales, las veredas violadas miles de veces por el tránsito de los arrieros y los capataces. Tal vez si se adentra más al desierto encuentre la grumatura correcta. El caballo rebufa largo y lenguoso, y le muestra su lija que imlora agua. Esto sólo le hace desconfiar más y tira el pitillo del cigarro lejos. Es necesario que su boca, nariz y manos queden libres para el ausculto. El Sin nombre se arrodilla ceremonialmente en un paraje cercano a la vereda, hunde sus manos abiertas en la tierra, la hurga profundo como si buscara una moneda de oro, luego con palmas abiertas para lograrse un camafeo que le haga ganarse una dama, luego con los puños cerrados para encontrar redención. La tierra cruje largo y los terrones se desgranan al juego armónico de sus dedos. El Sin Nombre desespera y se lleva un puño de tierra a la boca, primero se relame los dedos lodosos deste adobe primitivo que se formó con su saliva, luego, con lágrimas en los ojos empieza a masticarla con ritmo apesumbrado. Primero abre los ojos,para luego exprimirlos y éstos gestos se desbordan en líquido hasta las comisuras de su boca para la suma fútil de sal con sal. Nublado de posible y última meta, vislumbra tres figuras que a cada paso ganan silueta, forma y especie. Tres hombres lo observan desde el otro lado del paraje anopalado y veteado de marcas de arroyos de los cuales no se podría adivinar el sentido en el que fluyesen. Piensa El Sin Nombre justo esta imposibilidad cuando las siluetas carcajean anchamente y lo apuntan con mofa. El Sin Nombre sabe que sólo hombres con vértice y origen pueden darse el lujo de encontrar, como ahora encuentran humor en su variopinta busca. La interrupción de los hombres con-centrados siempre le han hecho perder tiempo para valorar la tierra. Sabe que lo llaman loco, perdido, tragapolvo, lamepiedras. Así viaje por semanas a El Sin Nombre siempre le antecede su carta de locura, y él no puede contestar nada: no tiene idioma propio con el cual le entiendan lo que busca pero comprende la burla en todas las lenguas que se le han atravesado, para luego olvidar ambas, porque el siguiente lote de tierra tal vez. Los hombres se retiran, alegres y anecdóticos. El Sin Nombre escupe la tierra para luego quitarse la camisa y entregarse en pecho al suelo, el oído pegado al piso busca un latido del extenso acarminado y se suelta todo en cuerpo hacia el primer retumbo que lo acoge. Tal vez esto debió ser el primer placer, como estar dentro de su madre, antes del primer dolor, el ser parido, pero en él el primer dolor se agudizó. Ese primer dolor lo acompaña en cada paso de su perpetuo viaje.
El Sin Nombre despierta cuando un chaparrón deslava sus amnióticas costras, por fin complacido por el gusto, el tacto, oído, color y aroma desta tierra roja que no tiene más que ser. Porque nunca otra tierra pasó por sus sentidos sin que él dudara y finalmente concluyera que ahí no empezó su viaje. El Sin Nombre está convencido y chapotea y grita como loco porque llegó, porque al fin tiene centro, porque aquí sabe a propio, gusta a suyo y huele a Sin-Nombredez. Exaltado y eufórico, El Sin Nombre corre entre los tímidos espejos de agua que ahora aparecen como danza de millones de cristales fortuitos, se ve la cara en uno de ellos y, convencido de que es hora de empezar las búsquedas desde aquí y con las dádivas sublimes de encontrar y poseer, ya piensa questa cara merece un nombre. Decide ir por la navaja que está en los fardos del caballos, corre hacia el caballo que bebe hundido en un ojo de agua y sin enterarse del próximo Con Nombre que surgirá en un momento. Todavía Sin Nombre busca entre sus cosas el filo de bautizo cuando encuentra la caja de latón de su madre, su única pista original. Decidido, la toma y la abre para regresar su contenido errante al sitio original, observa el ínfimo puño de tierra que ocupa todavía una esquina de la caja: es del mismo color de la que pisa. Feliz y congruente, la huele, y su aroma se mezcla amable con las polvaredas que se levantan en los alrededores. Al tomarla con la mano, la textura lo recibe como el lecho donde pasó la noche, la similitud es inconfundible. La lame y se encuentra de nuevo lloroso y lodoso, con la misma costra sangrienta y adobosa que cubre ahora todo su cuerpo. La estruja y ésta le responde con un latido igual que el golpe de las gruesas gotas de lluvia que caen violentando el terreno a su alrededor. Justo piensa en eso cuando cae una gota sobre el último puño de tierra original, y éste se queda impertérito e igual, más gotas atacan su mano y éstas salen, inmutadas, de su puño, rechazando aparearse con la tierra invitada. Incrédulo y nervioso, toma con la otra mano un puño de tierra del paraje, levanta ambas manos, y las abre al juicio del cielo. El Sin Nombre se sabe que sigue anónimo y llora sollozando como infante cuando las baja y de ellas sólo queda entera, como una torre inamovible, el puñado de la tierra original, mientras que en la otra el edificio se deslava y se escurre, disolviéndose entre sus dedos. Así, rápido, como se escapan de pronto las verdades.
El Sin Nombre despierta cuando un chaparrón deslava sus amnióticas costras, por fin complacido por el gusto, el tacto, oído, color y aroma desta tierra roja que no tiene más que ser. Porque nunca otra tierra pasó por sus sentidos sin que él dudara y finalmente concluyera que ahí no empezó su viaje. El Sin Nombre está convencido y chapotea y grita como loco porque llegó, porque al fin tiene centro, porque aquí sabe a propio, gusta a suyo y huele a Sin-Nombredez. Exaltado y eufórico, El Sin Nombre corre entre los tímidos espejos de agua que ahora aparecen como danza de millones de cristales fortuitos, se ve la cara en uno de ellos y, convencido de que es hora de empezar las búsquedas desde aquí y con las dádivas sublimes de encontrar y poseer, ya piensa questa cara merece un nombre. Decide ir por la navaja que está en los fardos del caballos, corre hacia el caballo que bebe hundido en un ojo de agua y sin enterarse del próximo Con Nombre que surgirá en un momento. Todavía Sin Nombre busca entre sus cosas el filo de bautizo cuando encuentra la caja de latón de su madre, su única pista original. Decidido, la toma y la abre para regresar su contenido errante al sitio original, observa el ínfimo puño de tierra que ocupa todavía una esquina de la caja: es del mismo color de la que pisa. Feliz y congruente, la huele, y su aroma se mezcla amable con las polvaredas que se levantan en los alrededores. Al tomarla con la mano, la textura lo recibe como el lecho donde pasó la noche, la similitud es inconfundible. La lame y se encuentra de nuevo lloroso y lodoso, con la misma costra sangrienta y adobosa que cubre ahora todo su cuerpo. La estruja y ésta le responde con un latido igual que el golpe de las gruesas gotas de lluvia que caen violentando el terreno a su alrededor. Justo piensa en eso cuando cae una gota sobre el último puño de tierra original, y éste se queda impertérito e igual, más gotas atacan su mano y éstas salen, inmutadas, de su puño, rechazando aparearse con la tierra invitada. Incrédulo y nervioso, toma con la otra mano un puño de tierra del paraje, levanta ambas manos, y las abre al juicio del cielo. El Sin Nombre se sabe que sigue anónimo y llora sollozando como infante cuando las baja y de ellas sólo queda entera, como una torre inamovible, el puñado de la tierra original, mientras que en la otra el edificio se deslava y se escurre, disolviéndose entre sus dedos. Así, rápido, como se escapan de pronto las verdades.
martes, abril 21, 2009
Fallen Principles Presents: TV Quoting
“When men know what not to do,..., they ought not to do they-know-not-what.”
- Abigail Adams in TV Film Series John Adams.
- Abigail Adams in TV Film Series John Adams.
lunes, abril 20, 2009
Requiem por J.G. Ballard
Por él me dieron ganas de tener un ala delta y esculpir mis nubes deste mundo sumergido para luego chocar contra la isla de concreto. También de sus libros el impulso de entrar en frenesí hacia el paraíso, atascándome por las noches de cocaína, volviéndome loco. Él, a final de cuentas me enseñó a escuchar las voces del tiempo a través de la amabilidad de las mujeres. Ballard, gente deste el milenio negro en cuyos albores buscaba el día de la creación empezando desde el remoto imperio del sol mientras esperaba al otro, el reino que ha devenir. Sus letras cayeron del reloj ampuloso como arenas de Vermillion, escurriéndose asesinando al tiempo como si fuera una carrera motorizada de bajada y que al llegar a la meta parecían estas piedrúsculas una playa terminal, como las muchas que hay en Super-Cannes. Salve, cronista del interno y vácuo futurismo social, nos dejas hundidos (pero enterados) en el nervioso equilibrio de la psique colectiva porque nos diste el espejo del mañana: La Exhibición de Atrocidades. Gracias.
domingo, abril 19, 2009
Ómnibus
Cuando concedió el último respiro se repitió en el aire un ligero crujido de lámina y un silencio inerciado. La enfermera tomó de entre sus manos el juguete de latón que el viejo no había soltado desde su ingreso al hospital. El ómnibus de latón era azul, con letras blancas y grandes en los costados donde se leía todavía con cierta dificultad el apellido del finado paciente: Goncalves. La última ruta de Goncalves, pensó la enfermera por un momento, tratando de verhacia dentro del juguete de volumen basto para introducir en él los dedos y jugar con el volante o las partes internas. Las puertas del omnibus, cerradas, parecían poseer bisagras y poderse abrir, sin embargo, alguien (seguramente el viejo) había forzado y roto ambos mecanismos para que éste quedara aislado, sin más ocupantes. Ocupaban también a la enfermera tales pensamientos cuando se dió cuenta de que en una de las bancas del ómnibus se aparecían letras débiles de colores. Al enfocar una lámpara hacia el interior del juguete, pudo leer sin dificultad algunas filas: Clara, se leía en una fila media del lado derecho, María, en la fila justo detrás. Pero, ¿quién y cómo habría podido alguien escribir algo en tan intrincado sitio? Con un poco de juego y presionando los postes traseros del techo del juguete, éste cedió y se abrió. Ahora se leía en cada fila y en cada banca un nombre distinto de mujer, hasta ahora se ha dado cuenta que los nombres en las dos bancas más traseras están escritos en pluma bic, con pulso nervioso y caligrafía perdediza, casi infantil. Donde se leen con puja de niñez: Silvia, Elena. En las siguientes bancas, hacia el frente del camión, la caligrafía se refina al grado de un exótico barroquismo, las tintas cambian entre los nombres: Perla, Ana. Inclusive, hay un nombre pintado finamente con óleo: Agata. Éste nombre es el único que aparece rajado múltiples veces por lo que pareciera una navaja, las aes quedan confusas y defenestradas, abolidas hasta parecer constelaciones amorfas. El único nombre grabado con muescas de odio, pero aún así,el nombre de Ágata fácilmente deducible. A partir de ese accidente intencional aparecen los siguientes nombres escritos en pluma fuente, con letra de molde que a veces presenta tímidas serifas (Haydé, Olga) y una banca que tiene dos nombres, Candy escrito en letras grandes en tinta fuente marrón y abajo, en pequeño, en tinta negra se lee Nadia. Clara y María, los nombres que había leído primero pertenecen a esa sección madura y de tibias maneras. Es curioso que la última de las bancas frontales tuviese un nombre, justo detrás del conductor. Con varias filas vacías detrás de ese nombre, espacios nunca ocupados, nombres que ya no se inscribieron. Pareciera que este nombre se escribió como un epígrafe del nominal sorteo que parece esta feria de damas. Un único nombre al frente, única copiloto, último nombre escrito con torpeza y fragilidad de pulso, presa del Parkinson del viejo, seguramente. Esto hace difícil su lectura a primera vista la enfermera tiene la vista cnasada y se levanta por lo lentes, seguramente entonces descifrará ese último nombre que invadía la memoria del viejo. La enfermera se levanta, gira y se encuentra de frente a una mujer recogida y vidriosa, poco más joven que el viejo, que trae un saco de lino y unas pantuflas que parecen justo de la talla del lúdico cadáver. La mujer, obcecada e incrédula apenas atina a decir: "S-soy Magdalena, el ómnibus llegó tarde y...pero...¿qué le ha pasado a mi marido?"
miércoles, abril 15, 2009
Fed Up
El hartazgo es el inequívoco síntoma de la indecisión crónica. Tal vez las peores decisiones, las más desesperadas de los hombres, se sucedan desde la soledad, es decir el hartazgo desde la indecisión sobre que (o si prefiere, quien) lo acompañe.
viernes, abril 03, 2009
Lemniscato
Para, un poco, el corazón cuando se encuentra con un acto que tendría que mecanografiar 3 o 4 veces en el mismo sitio para simular la profundidad del evento. Estas instancias que se escapan de esta planicie textual poseen no sólo una calidad de dimensión adicional, pasa que uno puede encontrarles textura y resistencia al tacto, otro nivel de reacción a la inquisición táctil. Si por ahora uno sólo rasguea las palabras con el iris porque le falta lo que siniestramente se le llama el hilo conductor, no se puede aspirar a encontrarse con estos gramemas inflados y regordetes, de volumen declarado y sombra decidida. Los nudos desta la lineal dimensión que visitamos con los ojos son glifos vacuos y que yuxtapuestos no ganan mas que contraste y no pierden mas que significado. Por otro lado, no miento cuando digo que también en la plana haya versos que parecen desprenderse la hoja desafiando la gravitosa métrica y la legal rima. Sinalefas asesinadas de mutilación por ascensión sublime. Tampoco miento cuando digo que haya letrismos horizontales que por conjuro se aglutinan y se hunden en remolinesco palabrerío al grado de hacer pesado voltear la página. Es así el festín de las oraciones, todas buscando escapar por el borde de la hoja y ganarse un poco de materia. Transmutar en acto. Yo, de los ahora confusos, uso las palabras perversamente para desinflar lo que ocurra, aplanar la realidad. Cada punto textual sea el transcurso de hacer listones de existencia. Y estos enunciados lisos que hagan de tangentes de la vida para luego cortarlas haciendo serpentinas y verbenar (sic) en la lemniscada fiesta de lo sucedido. Miles de cintas para acabar liado entre las hebras de lo escrito, momificado y sostenido por listones enhebrados de vocablos. Así tal vez deje de caer (o suspenderme) en el plisado y cómodo espacio entre mis escritos.
domingo, marzo 29, 2009
PMS
- Si las mujeres sangran y oscilan una vez el mes. ¿Cuál es entonces el período de los hombres?
Así abrió la entrevista Ximena, con cierto rictus de casi-llego-a-la-suficiencia.
No titubeé, le contesté de inmediato:
- También ocurre lo mismo con nosotros, pero nos aparece en el orden inverso: primero oscilamos, y luego sangramos. Si es un periodo corto, lo llaman suicidio, desplante o violencia intrafamiliar, si es un periodo más largo y comunal, la euforia menstrual de muchos hombres, ocurre lo que llaman guerra. Es por eso que los hombres no tenemos fijo nuestro período. Carecemos de biología cronometrada. Es por eso que ya no concurro a los Estadios, a las plazas, a las comidas familiares, todos esos sitios que peligrosamente sincronizan nuestra íntima frecuencia y manifiestan esa resonancia compartida como euforia.
Así abrió la entrevista Ximena, con cierto rictus de casi-llego-a-la-suficiencia.
No titubeé, le contesté de inmediato:
- También ocurre lo mismo con nosotros, pero nos aparece en el orden inverso: primero oscilamos, y luego sangramos. Si es un periodo corto, lo llaman suicidio, desplante o violencia intrafamiliar, si es un periodo más largo y comunal, la euforia menstrual de muchos hombres, ocurre lo que llaman guerra. Es por eso que los hombres no tenemos fijo nuestro período. Carecemos de biología cronometrada. Es por eso que ya no concurro a los Estadios, a las plazas, a las comidas familiares, todos esos sitios que peligrosamente sincronizan nuestra íntima frecuencia y manifiestan esa resonancia compartida como euforia.
sábado, marzo 28, 2009
Synecdoche, N.Y. (La vida como representación)
La primera película de Charlie Kaufman ha golpeado la pantalla de plata el año pasado. Desde que se abre la película, uno adivina que el terreno ha de ser farragoso y macilento. Con diálogos sostenidos por un impassé que deja que aterricen en el consciente. Kaufman ha resultado ser un director más bien oscuro, con tonos helados y cierta monotonía visual que puede llegar a cansar al impaciente. Aquí uno no va a encontrar explosión ni brío. La primera peli de Kaufman parece más un despliegue de un guión harto complejo y maestro sobre una tira de celuloide fotovelado, que una historia-en-cine. Me explico al aventurarme a analizar la historia principal (SPOILERS AHEAD):

A partir de que el protagonista sufre de realidad (lo deja su esposa, su hija le odia, está insatisfecho incluso con su éxito) su desbalance psicológico se hace presente a etapas: primero, empieza a presentar varios síntomas de enfermedades (y hasta aquí esto es una manifestación inocente de su redundante psique, ¿acaso no es la hipocondria el colmo del egoísmo?). Esta sustitución de la frustración por el síntoma parece ser todaia insfuciente metáfora para Kaufman, vaya que sí. A partir de aquí, la peli presenta múltiples insertos donde el protagonista se encuentra deslocalizado de la vida real. El protagonista empieza a invadir todas las esferas protagónicas de la película (publicidad, objetos comunes, caricaturas, su misma y próxima obra de teatro) con su presencia. Uno podría pensar en cierta esquizofrenia o psicosis interna: error. El protagonista se empieza a sobreexpresar incluso en el ritmo y tono de la película. Al grado que todo lo que le rodea se empieza a perder en una sucinta discronía. Empieza aquí a verterse el título de la película sobre nosotros: el protagonista decide hacer de su próxima obra de teatro un paralelismo de su vida diaria.

Desde ahora, la película narra acerca una de representación teatral que trata de seguirle el paso a la realidad. Empieza a ocurrir otra capa de eventos que simulan la "verdadera" como parte de la gran opus. El protagonista se dedica entonces de tiempo completo a su obra que, por definición, será perpetua e inacabada. La dimensión real del protagonista es sustituída poco a poco por la representación de la vida del Protagonista. Eventualmente, la obra llega al punto donde se decide representar a sí misma. Toda una lógica circular. Entonces surje otro nivel de narración y de ahí las posbiles capas infinitas y además, autosimilares. Por definición, Kaufman explora una verdadera narrativa fractal. Con tan Mandelbrótica fórmula, el protagonista logra intimar el tiempo, llenar su cada vez más patética situación real con capas y capas de representación y más representación. Entonces el verdadero empieza a perderse en una ensoñación y en una relatividad y dispersion temporal manifiesta en la película. El protagonista, empieza a perderse en su obra: la representación empieza a sustituir a la realidad. La dispersión es también espacial, ya que se confunden de aquío en adelante, los actos en Schenectady, Manhattan, y Berlín. Aquí perdimos, como siempre en los guiones de Kaufman, la premisa de la película lineal.

Pero no sería un guión de Charlie Kaufman si nos dejara ir tan frescos y confundidos. Eventualmente, se viene que los personajes de las capas narrativas empiezan a relacionarse entre sí. Primero sentimentalmente, cosa casi fácil y obvia. Empero, las personalidades luchan por sustituirse en el plano de la realidad. Incluso, en evento máximo contradictorio, el sub-protagonista ejecuta un suicidio que el protagonista (real) no logró cometer. Las capas entran en conflicto de fidelidad entre ellas (¿Sigue siendo una representación fiel si ésta rebasó a la realidad misma?). Uno adivina que tan macabro constructo no puede terminar bien. Esta dialéctica entre capas se vuelve entonces el narrador de la verdadera matriz de la historia, como un organismo vivo, este macroorganón autofágico empieza a revelar la verdadera naturaleza de nuestro protagonista. De manera increíble, la misma ficción empieza a construir el meollo del protagonista (real), de entre tal pila de ceniza, acaba sobresaliendo la esencia del Homo(sic).

A final de cuentas, la película es un gran viaje interno que hace el protagonista para poder reconciliarse consigo mismo. Aunque el costo de hacerlo es perderse totalmente como individuo y ser sustituído por su representación. Y he ahí, precisamente, la sinécdoque.
Así queremos de repente una película. Así esperábamos el cine de Kaufman: concentrado, retorcido, intrincado, difícil.
Post scriptum.- La película ofrece de los mejores momentos de humor negro que he visto en años. Además, los absurdos props y graciosas intervenciones-pequeñas bromas que posee en casi cada cuadro sólo hacen patente el desborde (así, desborde) de genialidad humorística que tiene también don Charlie.

A partir de que el protagonista sufre de realidad (lo deja su esposa, su hija le odia, está insatisfecho incluso con su éxito) su desbalance psicológico se hace presente a etapas: primero, empieza a presentar varios síntomas de enfermedades (y hasta aquí esto es una manifestación inocente de su redundante psique, ¿acaso no es la hipocondria el colmo del egoísmo?). Esta sustitución de la frustración por el síntoma parece ser todaia insfuciente metáfora para Kaufman, vaya que sí. A partir de aquí, la peli presenta múltiples insertos donde el protagonista se encuentra deslocalizado de la vida real. El protagonista empieza a invadir todas las esferas protagónicas de la película (publicidad, objetos comunes, caricaturas, su misma y próxima obra de teatro) con su presencia. Uno podría pensar en cierta esquizofrenia o psicosis interna: error. El protagonista se empieza a sobreexpresar incluso en el ritmo y tono de la película. Al grado que todo lo que le rodea se empieza a perder en una sucinta discronía. Empieza aquí a verterse el título de la película sobre nosotros: el protagonista decide hacer de su próxima obra de teatro un paralelismo de su vida diaria.

Desde ahora, la película narra acerca una de representación teatral que trata de seguirle el paso a la realidad. Empieza a ocurrir otra capa de eventos que simulan la "verdadera" como parte de la gran opus. El protagonista se dedica entonces de tiempo completo a su obra que, por definición, será perpetua e inacabada. La dimensión real del protagonista es sustituída poco a poco por la representación de la vida del Protagonista. Eventualmente, la obra llega al punto donde se decide representar a sí misma. Toda una lógica circular. Entonces surje otro nivel de narración y de ahí las posbiles capas infinitas y además, autosimilares. Por definición, Kaufman explora una verdadera narrativa fractal. Con tan Mandelbrótica fórmula, el protagonista logra intimar el tiempo, llenar su cada vez más patética situación real con capas y capas de representación y más representación. Entonces el verdadero empieza a perderse en una ensoñación y en una relatividad y dispersion temporal manifiesta en la película. El protagonista, empieza a perderse en su obra: la representación empieza a sustituir a la realidad. La dispersión es también espacial, ya que se confunden de aquío en adelante, los actos en Schenectady, Manhattan, y Berlín. Aquí perdimos, como siempre en los guiones de Kaufman, la premisa de la película lineal.

Pero no sería un guión de Charlie Kaufman si nos dejara ir tan frescos y confundidos. Eventualmente, se viene que los personajes de las capas narrativas empiezan a relacionarse entre sí. Primero sentimentalmente, cosa casi fácil y obvia. Empero, las personalidades luchan por sustituirse en el plano de la realidad. Incluso, en evento máximo contradictorio, el sub-protagonista ejecuta un suicidio que el protagonista (real) no logró cometer. Las capas entran en conflicto de fidelidad entre ellas (¿Sigue siendo una representación fiel si ésta rebasó a la realidad misma?). Uno adivina que tan macabro constructo no puede terminar bien. Esta dialéctica entre capas se vuelve entonces el narrador de la verdadera matriz de la historia, como un organismo vivo, este macroorganón autofágico empieza a revelar la verdadera naturaleza de nuestro protagonista. De manera increíble, la misma ficción empieza a construir el meollo del protagonista (real), de entre tal pila de ceniza, acaba sobresaliendo la esencia del Homo(sic).

A final de cuentas, la película es un gran viaje interno que hace el protagonista para poder reconciliarse consigo mismo. Aunque el costo de hacerlo es perderse totalmente como individuo y ser sustituído por su representación. Y he ahí, precisamente, la sinécdoque.
Así queremos de repente una película. Así esperábamos el cine de Kaufman: concentrado, retorcido, intrincado, difícil.
Post scriptum.- La película ofrece de los mejores momentos de humor negro que he visto en años. Además, los absurdos props y graciosas intervenciones-pequeñas bromas que posee en casi cada cuadro sólo hacen patente el desborde (así, desborde) de genialidad humorística que tiene también don Charlie.
viernes, marzo 27, 2009
Jalisquillo y Galileano: Ajúa en Padua.
Tomado del Periódico Público,viernes 23 de Marzo del 2009, comentario del debate sobre la nueva Ley Antiaborto del Estado de Jalisco:
Las posturas partidistas
Carlos Orozco Santillán. Diputado del PRD:
“No se podría dar un debate más falso, que pretender hacer creer que existen seres humanos a favor de la vida y otros en contra de la vida […] Porque la realidad es otra y lo cierto es que siguen muriendo más de siete mil mujeres al año, porque no tenemos los instrumentos para garantizar la vida y se siguen practicando en este país más de 300 mil abortos clandestinos al año […] No creemos que se deba usar el avasallamiento político para imponer una sola visión […] No estamos preparados para debatir una reforma constitucional, sin escuchar primero la opinión de las mujeres, la opinión de toda la sociedad. Si así van a votar que la tierra no gira alrededor del sol, si así van a votar que la tierra es plana, van a tener la reforma constitucional, pero les puedo asegurar que la tierra se mueve”.
Las posturas partidistas
Carlos Orozco Santillán. Diputado del PRD:
“No se podría dar un debate más falso, que pretender hacer creer que existen seres humanos a favor de la vida y otros en contra de la vida […] Porque la realidad es otra y lo cierto es que siguen muriendo más de siete mil mujeres al año, porque no tenemos los instrumentos para garantizar la vida y se siguen practicando en este país más de 300 mil abortos clandestinos al año […] No creemos que se deba usar el avasallamiento político para imponer una sola visión […] No estamos preparados para debatir una reforma constitucional, sin escuchar primero la opinión de las mujeres, la opinión de toda la sociedad. Si así van a votar que la tierra no gira alrededor del sol, si así van a votar que la tierra es plana, van a tener la reforma constitucional, pero les puedo asegurar que la tierra se mueve”.
miércoles, marzo 25, 2009
Hilarity Ensues
Verídico, texto recriminatorio recibido por messenger:
Ricosushi dice:
"Saludos, staple monkey."
-------- dice:
"pues un mono podria hacer un mejor trabajo ordenando papales rectos..."
Comentarios:
1.- Tough job even for monkeys, Bonobos might actually like it.
2.- Que nos perdone "don" Benedicto XII, pero esto no soluciona el desempleo.
3.- Lo que hacen de humor un typo y la voz pasiva.
Ricosushi dice:
"Saludos, staple monkey."
-------- dice:
"pues un mono podria hacer un mejor trabajo ordenando papales rectos..."
Comentarios:
1.- Tough job even for monkeys, Bonobos might actually like it.
2.- Que nos perdone "don" Benedicto XII, pero esto no soluciona el desempleo.
3.- Lo que hacen de humor un typo y la voz pasiva.
martes, marzo 17, 2009
Words by a pillar of salt.
"Trout, incidentally, had written a book about a money tree. It had twenty-dollar bills for leaves. Its flowers were government bonds. Its fruit was diamonds. It attracted human beings who killed each other around the roots and made very good fertilizer. So it goes"
-Kurt Vonnegut, Slaughterhouse Five.
-Kurt Vonnegut, Slaughterhouse Five.
lunes, marzo 16, 2009
Sobre Bregovic y las Bibliotecas Accidentales
... Bregovic acudió a Buenos Aires a dar su primer concierto. "Al llegar al hotel me dieron un sobre que me habían dejado de parte de Sábato. Contenía un libro, Sobre héroes y tumbas, y una carta en la que me pedía disculpas por no acudir al concierto. Me explicaba que mi música le había salvado en momentos de depresión. Lo curioso es que cuando hice el servicio militar en Nis, en la época comunista, robé de la biblioteca del cuartel un ejemplar de ese libro. Lo tuve en mi casa de Sarajevo durante años y lo perdí. Con la guerra perdí todo, también mi biblioteca. Puedes empezar dos veces tu vida, pero no puedes empezar dos veces una biblioteca. Todas las cosas grandes que me han pasado están guiadas por cosas pequeñas que se vuelven grandes, como el libro de Sábato".
- Tomado de El País - Entrevista con Goran Bregovic
- Tomado de El País - Entrevista con Goran Bregovic
viernes, marzo 13, 2009
Impedancia
Flaqueo. Todos los días la última luz que me despide es la de la lámpara de mi buró, la que me deslinda del día y me reduce a la invisión y a la invasión de mi desvencijado terruño nocturno. Hay veces que se apaga la lámpara y su sonoro "click" parece poseer un cierto brinco de aire que juega con mi paciencia. Tal vez así sea el sonido secreto del escarnio o la cimbra de la sorna. Pasa que cuando esa lámpara se decanta en negro, recuerdo la pila de pequeñas batallas perdidas durante el día, la discusión del sobrecargo en la cuenta del restaurante, la corbata que olvidé en el baño de la oficina y que, por supuesto ya no estaba al regresar a buscarla, el momento en que la engrapadora se aqueda sin paruqe y me deja a merced del departamento de adquisiciones, ver por enésima vez las sugerentes tangas negras de Juvenita al traerme los memorandums. Todas estas batallas que se apilan en la vigilia encuñándose entre las vértebras cervicales más susceptibles y constreñidas por mi maldormir. Por eso la lámpara y la horizontalidad para que éste lote de escaramuzas se precipiten sobre todo el cuerpo, sobre toda la plataforma de mi kilataje, en profusión de escalares. Esta repartición de la presión es también mera administración de la impotencia y del cansancio, importa poco añadirle un clavo más a la cama. A veces la lámpara (o su ausencia y de todo, o la dislamparidad, vamos) se rehusa un poco a deslavarme la memoria del día y éste se me hace como moho en las plantas de los pies y evita que camine al día siguiente con mi característica turgencia y prontitud. Cuando se acumulan dos días sin efecto lámpara, es en la vista donde ocurre un débil vaho desde las cuencas y devienen los ojos llorosos para que entonces menos bragas negras, pero más dinero perdido en la cuenta del restaurante. Hoy es el quinto día en que la lámpara se rehusa a expiarme de mis pequeñas derrotas; los músculos cuelgan y duelen; la sangre se apesumbra y ralentiza; los dedos se quedan encrispados por largos momentos; los pensamientos se fragmentan y se separan agraviados.
Anotado, en un post it al lado deste mi teclado, se lee desde hace una semana: comprar una bombilla.
Anotado, en un post it al lado deste mi teclado, se lee desde hace una semana: comprar una bombilla.
domingo, marzo 01, 2009
Memento
Ellos fuman, desnudos, en la cama.
- ¿Por qué lo hiciste?¿Por qué si ayer todavía...?
- Quería ser la primera en dañarlo. Supongo que de alguna manera quería protegerlo. Regalarle un dolor taimado, mío.
- No lo entiendo.¿Por qué ahora? ¿Acaso no bastaba que fueran algo cercano a ser felices?
- La felicidad que yo le daba era difícil de mantener para largo, felicidad como un estado mismo y uniforme. La alegría es de naturaleza múltiple, polifacética, temporal, caducable. Un recurso internamente renovable que simplemente ya no puedo extraer. Él podrá ser feliz con mil eventos distintos, incluso algunos de ellos se repetirán y sería feliz millones de veces. Ya feliz corto, ya feliz largo, pero se encontrará contínuamente con dicha (sic) oportunidad. La fórmula del solaz continuo es elusiva y caótica, con plétora de soluciones. A él le espera todavía una larga cadena de satisfacciones. No me necesita para ello.
- ¿Entonces?
- El dolor y el daño, por el contrario, son más parecidos a una nostalgia imperecedera. El dolor es regresar la vista a la fuente del dolor. El daño ocurre una vez, con la impronta de la ocasión, y siempre se queda la marca de la veta. El dolor es un monolito que adoramos con cierta recurrencia. Tiene firma de cicatriz, textura inasible. Tiene también sabor a uno mismo y agudas puntas elusivas. El daño está esculpido en la memoria, se puede ocluír y tapar, pero la efigie siempre se adivina bajo el velo. El dolor tiene nombre, personalidad, tufo de perpetuidad.
- ¿Lo dañas para que el dolor sea siempre y largo, entonces?
- Soy peor y más egoísta. No pude resolver su felicidad, y no podría soportar que me llamase algo así como "un bello episodio de su vida". Lo dañé porque mañana, cuando me hable, me odie, me grite, me golpee o incluso me posea, lo hará dos veces. Desde y Por el dolor que le causo. Me odiará en paralelo: tanto a mi presencia física, tanto a ese monolito de aflicción.
- ¿Cuál es el propósito de que te odie desde ambos lados?
- Trascendencia. Así, mañana, cuando decidamos no volvernos a ver, no desapareceré por completo.
- ¿Por qué lo hiciste?¿Por qué si ayer todavía...?
- Quería ser la primera en dañarlo. Supongo que de alguna manera quería protegerlo. Regalarle un dolor taimado, mío.
- No lo entiendo.¿Por qué ahora? ¿Acaso no bastaba que fueran algo cercano a ser felices?
- La felicidad que yo le daba era difícil de mantener para largo, felicidad como un estado mismo y uniforme. La alegría es de naturaleza múltiple, polifacética, temporal, caducable. Un recurso internamente renovable que simplemente ya no puedo extraer. Él podrá ser feliz con mil eventos distintos, incluso algunos de ellos se repetirán y sería feliz millones de veces. Ya feliz corto, ya feliz largo, pero se encontrará contínuamente con dicha (sic) oportunidad. La fórmula del solaz continuo es elusiva y caótica, con plétora de soluciones. A él le espera todavía una larga cadena de satisfacciones. No me necesita para ello.
- ¿Entonces?
- El dolor y el daño, por el contrario, son más parecidos a una nostalgia imperecedera. El dolor es regresar la vista a la fuente del dolor. El daño ocurre una vez, con la impronta de la ocasión, y siempre se queda la marca de la veta. El dolor es un monolito que adoramos con cierta recurrencia. Tiene firma de cicatriz, textura inasible. Tiene también sabor a uno mismo y agudas puntas elusivas. El daño está esculpido en la memoria, se puede ocluír y tapar, pero la efigie siempre se adivina bajo el velo. El dolor tiene nombre, personalidad, tufo de perpetuidad.
- ¿Lo dañas para que el dolor sea siempre y largo, entonces?
- Soy peor y más egoísta. No pude resolver su felicidad, y no podría soportar que me llamase algo así como "un bello episodio de su vida". Lo dañé porque mañana, cuando me hable, me odie, me grite, me golpee o incluso me posea, lo hará dos veces. Desde y Por el dolor que le causo. Me odiará en paralelo: tanto a mi presencia física, tanto a ese monolito de aflicción.
- ¿Cuál es el propósito de que te odie desde ambos lados?
- Trascendencia. Así, mañana, cuando decidamos no volvernos a ver, no desapareceré por completo.
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